domingo, 24 de junio de 2012

Orquídea roja - II


Stern es el primer exoplaneta colonizado por la humanidad. Fue descubierto a finales del año 2015 durante la primera etapa del Proyecto Prometeo, por los legendarios líderes de la misión de exploración: 001 Ícaro Rojo, e 002 Ícaro Azul. Está ubicado en el sistema estelar de Alfa Centauri, girando alrededor de la Estrella A en una órbita estable de 1,7 unidades astronómicas. Su masa equivale a 6 veces la terrestre, y cuenta con dos lunas compuestas principalmente por rocas silíceas, ambas cubiertas por una capa de hilo de kilómetros de espesor.

La temperatura de Stern es estable y templada, que oscila entre los menos 40 hasta los 80 grados centígrados, haciéndolo apto para la vida, que es muy diversa en vegetación y animales vertebrados, incluyendo peces y aves. Tiene extensos mares, lagos, y su corteza es extraordinariamente rica en esquistos bituminosos, de donde puede extraerse petróleo fácilmente a través de un proceso de trituración, combustión y extracción en cantidades sorprendentes: hasta 400 litros por tonelada, lo que provocó que la Fundación estableciera rápidamente colonias y empresas para explotar este recurso y por supuesto, vendérselo después al Gobierno Unido de la Tierra, cubriendo así, por el momento, la demanda energética insaciable de la humanidad.

No obstante, en los últimos meses, los convoyes de transporte rumbo a la Tierra y algunas poblaciones de colonizadores han sido atacadas por naves de una civilización desconocida, que aún no establece contacto. Así, a partir del año 2036, por la fuerte presión política y económica que ejerce la Fundación en el Gobierno Unido, se giraron órdenes estrictas a las Fuerzas Armadas para que todo equipo Icarus asignado a Stern, deba ir armado con ocho contenedores de micro misiles Byford HM-03 de ojivas nucleares en sus pods como mínimo.

Así, la humanidad espera poder defenderse ante lo desconocido.

sábado, 23 de junio de 2012

Orquídea roja - I


Los campos de trigo por los que camino descalza son hermosos. Dorados, se mueven de un lado a otro, como si bailaran conmigo al compás del viento. Me quito el vestido para que mi piel desnuda sea acariciada por el sol, que me recorre completa, llenando mis deseos más íntimos. Satisfecha, abro los brazos y empiezo a dar vueltas, donde mi risa crea constelaciones de estrellas que me elevan para poder tocar la suavidad del cielo.

Cuando bajo la mirada, descubro que tengo alas blancas que me permiten volar libre hacia donde yo quiera, sin que tus reproches o control puedan impedirlo. Aún así, haces que mi cielo se ennegrezca para golpearme duramente de nuevo con la mirada. ¿Sabes?, tú no me obligaste a abrir esa puerta. Yo quería disculparme, quería un abrazo tuyo. Pero te encontré ahí, tirado, en el estudio donde pasabas horas y horas leyendo, tan indefenso.

Las lágrimas al caer cortan mis mejillas como cristales, dejando brotar la sangre de mi alma para arrancarme las alas con las manos y ahogarme con las plumas podridas por el miedo... No fue posible, ya estabas muerto.

De repente, una voz fuerte y clara se escucha preocupada por la radio.

— ¿Sargento? ¿Se encuentra usted bien?

— ¡¿Qué?!

— ¿Dónde está su cabeza, Sargento? ¡Le he preguntado cuatro veces cuál es el nuevo curso!

— Perdóname Phoebe, me distraje por un momento... El nuevo curso es...

Jozy se golpea un par de veces bruscamente la cabeza con su mano derecha. Instintivamente, cierra la comunicación para empezar a recriminarse en la intimidad de la cabina. — ¡Despierta, estúpida! ¡Qué carajo haces, estás alucinando de nuevo! —. Con la mirada perdida, se detiene por un momento, para finalmente gritar: — ¡Ya déjame de una buena vez en paz, Papá! —. Temblando, busca su pequeño pastillero de plástico de donde saca tres comprimidos de 20 miligramos de paroxetina, que se lleva a la boca para tragarlos inmediatamente.

— ¿Pero qué le sucede Sargento?

— El nuevo curso es 3-5-8.

— ¿3-5-8? ¿Está usted segura? Las órdenes para la misión de hoy dicen que...

— ¿Las ordenes de hoy? ¡Ah! Sí... Las órdenes de hoy... Lo que pasa es que vamos a ir primero por las instalaciones de los hornos... Siempre hay quejas de que nunca vamos por allá.

Hay un dubitativo y breve silencio.

— Está bien, si usted lo dice. Pero que le quede claro, lo registraré en la bitácora de vuelo.

Los dos Icarus Maximal, marcados con los números 1503 y 1504 respectivamente, pertenecen al Escuadrón Kardinal de las Fuerza Armadas del Gobierno Unido de la Tierra. En sincronía, empiezan a virar lentamente, manteniendo velocidad y altura para dirigirse a su nuevo destino.

miércoles, 11 de abril de 2012

El medallón de Stern - V (Final)


— ¿Lennox? ¡Despierta por favor!

Tumbado en el césped, junto a la nave, Lennox poco a poco recupera el conocimiento.

— ¿Qué fue lo que paso? —, responde aturdido llevándose una mano a la cabeza y mirando a su alrededor.

— Tranquilo, ya te contaré.

— ¡¿Pero cómo es que estamos acá?!

— Digamos que, me ayudo un nuevo amigo — confiesa, ruborizándose un poco.

— ¿El medallón?

Kya se abre el cuello del overol, mostrándole a Lennox que se lo ha colgado.

— Vaya... ¿Y el alpinista?

Kya detiene las preguntas de Lennox, entregándole algo.

— Toma, es para ti. Y mira que está contento.

Es la jaula mal hecha de bambú, con el canario que canta alegremente, generando sonrisas.

— ¿Nos vamos?

El Icarus Maximal despega en medio de la noche, remontando el cielo con dos lunas de Stern, no sin antes bombardear la red de cavernas y túneles, cerciorándose de que el templo, también haya sido destruido. Kya se lleva las manos al pecho, tomando el medallón que empieza a brillar.

Guardián, puedes estar tranquilo. Ya eres libre. Gracias por salvarme.

— ¿Lennox?

— ¿Sí?

—  Creo que por fin podré comprarme mi apartamento en el mejor barrio de Neo Tokio...

lunes, 9 de abril de 2012

El medallón de Stern - IV


Kya entrega la mochila con el dinero a Lennox. Se desprende de su túnica mostrando el ajustado overol de piloto con las insignias y escudos del Gobierno Unido de la Tierra. Se le acerca un poco para decirle algo al oído.

— No le quites la mirada al viejo.

Kya empieza a trepar hábilmente por las columnas del altar, para ponerse sobre la losa y colocarse frente a la pantera. De la muñequera que lleva puesta saca un dispositivo circular que instala exactamente a la altura del medallón. Al apretar un botón, se activa encajando unas patas metálicas en el bloque de hielo y dispara un rayo láser que empieza a perforarlo.

Lennox se distrae por el canto del canario y se acerca a la jaula para escucharlo de cerca. En ese momento, sin darse cuenta y por detrás, recibe un fuerte golpe en la nuca con la cacha de la pistola que el viejo había mantenido oculta, para caer desvanecido.

— ¡Muy bien preciosa! ¡No te muevas!

Kya, sobre el altar y de espaldas al viejo, se queda inmóvil.

— ¡Así me gusta! ¡Levanta las manos!

¿Qué hago? ¡Maldita sea, apúrate aparato inútil!

— ¡Ya tiene el dinero! ¡¿Quiere el medallón?!

— ¡El medallón no me importa! ¡Quiero el dinero que tu padre pagará por ti!

El dispositivo esta a centímetros de liberar al medallón de su prisión de hielo.

— ¡Mi padre no le dará ni un centavo por mí!

El último hielo que cubre al medallón se está derritiendo.

— ¡Eso está por verse!

— ¡Nunca!

Con un movimiento rápido, Kya retira al dispositivo e introduce de golpe el brazo al orificio en el hielo. Con su mano, logra atrapar por completo al medallón, cerrando el puño. El viejo dispara sin dudar su arma.

¿Pero, qué es esto?
¿Dónde estoy?

Este lugar...

¡He sido transportada!
¡La leyenda es cierta!

Un ser humanoide con apariencia felina, de cuerpo alto, fornido, pelambre blanco, facciones masculinas y brutal fuerza reflejada en sus desarrollados músculos, aparece frente a ella, rodeado por un halo dorado. Kya le habla tímidamente.

— ¿Eres tú, el ermitaño? ¿El guardián de este planeta?  ¿El protector de Stern?

Con voz profunda, le responde.

— Sí. Soy quien ha cuidado este templo y planeta desde el origen del tiempo —, bajando la cabeza, con resignación —, hasta que fui capturado por ellos.

— El medallón...

— Ahora es tuyo. Me has liberado de la prisión de hielo —. El ser se arrodilla y hace una reverencia—. Estoy a tus órdenes, Maat.

— ¡Te equivocas! Yo no soy...

El ser se percata de algo. Echa a correr, brincando intempestivamente sobre ella.

— ¡Cuidado!

Kya se voltea con un giro rápido. Extiende el brazo y abre la mano. Sin saber cómo, la bala que iba directo a su cabeza se detiene y queda suspendida en el aire, a la mitad del templo. El viejo no da crédito a lo que ve.

— ¡¿Qué diablos?!

Los ojos de Kya brillan intensamente. Ahora ella es rodeada por el halo dorado. Con su brazo todavía extendido, desde el altar, lo dirige hacia donde esta el viejo.

— ¡Estúpido!

Un rayo de luz desintegra al alpinista de manera fulminante, sin dejar rastro alguno.

domingo, 8 de abril de 2012

El medallón de Stern - III


Cruzan la aldea tomando una vereda con dirección a las montañas cercanas, que en su cima se encuentran cubiertas completamente de nieve. Pese a la apariencia despreciable, el viejo camina con buen ritmo, recorriendo una gran distancia en poco tiempo, sin importar que sea en ascenso.

— ¿Cuánto falta? —, Kya pregunta impaciente.

— No mucho. Gracias a las excavaciones mineras, quedó al descubierto una red de cavernas y túneles ancestrales que atraviesan las montañas. Ya no es necesario escalar, eso nos llevaría meses. He recorrido algunos de estos caminos subterráneos, que parecen no tener fin. Son cientos, tal vez miles. ¡Esos hijos de puta que los construyeron, si que eran listos!

— ¿Cómo encontró la ermita?

— Voy a serte sincero, preciosa —. El viejo se detiene, coloca la jaula con el canario en el suelo y se sienta sobre una piedra sacando su botella de ron, para beber dos grandes tragos y con voz jadeante, continúa su relato. — Fue un golpe de suerte. Me encontraba en su búsqueda cuando caí por una abertura que estaba cubierta por la nieve. Nunca la vi, resbalé cientos de metros por un túnel de hielo que me llevó directamente a su interior.

— Un túnel de respiración...

— Y ahí estaba todo, exactamente como lo describía la información que me entregó tu padre, frente a mis ojos.

— ¿Para que trae el canario? —, Lennox pregunta con curiosidad.

— Las cavernas y túneles se están llenando de gases tóxicos por las excavaciones mineras. Más vale prevenir.

— ¡Pero se le entregó material y equipo! — Kya revira sorprendida.

— Eso sólo sirve para venderlo y comprar buen ron de contrabando. Un alpinista como yo, no necesita de esos equipos sofisticados —, el viejo se levanta pujando, recoge la jaula y la botella, para seguir andando. — No perdamos más el tiempo, que se hará noche pronto.

Para entrar a la caverna tienen que atravesar una gatera estrecha y larga, en la cual sólo es posible avanzar arrastrándose. El pasaje se va convirtiendo rápidamente en oscuro y tenebroso, donde el viento sopla cruda y fríamente, generando un sonido agudo, intenso...

Como un rugido de advertencia.

Lo reducido de la abertura termina pudiéndose levantar para encender las lámparas que Kya y Lennox llevan consigo. Con la luz, se devela una galería de enormes dimensiones, gigantesca, mucho más grande que un hangar, donde las paredes, techo y piso son perfectamente lisos, brillantes y pulidos, labrados con absoluta perfección en el bloque monolítico.

— Tengan cuidado de no resbalarse —, el viejo sentencia.

Siguen avanzando hasta el fondo, donde hay una apertura en la pared a manera de puerta y en cuyo dintel, se encuentran talladas dos panteras contrapuestas con sus colas entrelazadas. En el interior, de manera austera pero sublime, hay un altar formado por una losa soportada con columnas, sobre la cual está colocado un gran bloque de hielo que contiene a una enorme pantera albina, congelada, sentada sobre sus patas traseras y que lleva en su cuello una cadena dorada de la cual, pende un medallón en forma de estrella.

Arriba del altar, en el techo, hay cuatro agujeros por los cuales entra luz y aire del exterior, creando una atmosfera poderosa, divina, casi celestial...

Que no pertenece a los hombres.