viernes, 24 de febrero de 2012

Oficio


Escondió rápidamente la estampita del ángel guardián donde pudo, al ver que un auto se detenía frente a ella. Le empezaba a tener fe, porque desde que la llevaba consigo, ningún cliente la había golpeado de nuevo. Al bajar el cristal, el rostro de un hombre bien parecido, pero con cierto toque de misterio, le preguntó.

―¿Cuánto?

―Mil doscientos la hora, más el cuarto.

Después de desnudarla otra vez con la mirada, el hombre le pidió que se quitara la chaqueta y volteara. Algo que en condiciones normales no haría tan fácil, pero por la marca del auto, ropa y actitud, presentía que podía ganar mucho dinero con el tipo esa noche. Dinero que necesitaba para sacar a su hija de la casa hogar donde estaba, y largarse muy lejos de ahí. Tanto lo deseaba, que hasta juró dejar de inhalar coca.

―¿Te gusta mi culo? A que sí, Baby.

―¿Y los extas?

―A quinientos la mamada y mil más si quieres darme por el chiquito.

―Súbete.

Pasaron a toda velocidad por la zona motelera, lo cual le preocupó a ella bastante.

―¿A dónde me llevas? ―, le preguntó notablemente nerviosa.

―Vamos a una fiesta.

―Pero...

―Tranquila, es aquí adelante―, decía el hombre con voz segura mientras le entregaba un fajo de billetes. 

―Aquí está tu dinero. Si la paso bien, me harás el trabajo completo y te pagaré el doble. ¿Estamos?

Sorprendida por ver tantos billetes juntos, solamente atinó a decir que sí con un leve movimiento de cabeza. La fiesta era un bullicio de gente, donde los gritos y la música se escuchaban por doquier. Bailaron, charlaron y bebieron lo que quisieron entre un mar de sonrisas, juegos y coqueteos. ¡Nunca antes había sido tan feliz! ¡Nunca antes la habían tratado así! Tanto, que después de atreverse a darle un primer beso, cayó desmayada entre sus brazos.

Al despertar, el sonido de las olas rompiendo en la playa la asustó. Se levantó para recorrer fascinada la pequeña pero hermosa casa frente al mar, y rompió en llanto al descubrir que su hija dormía tranquilamente en una habitación. Mientras tanto, en las puertas del cielo, Dios esperaba impaciente al hombre.

―No me gustan tus métodos, Miguel. El beso fue demasiado.

Gajes del oficio, Jefe.

jueves, 23 de febrero de 2012

Náufrago

Boca abajo, exhausto y sin ropas, el hombre abrió con dificultad los ojos. Adolorido, trató de incorporarse mientras su aliento reflejaba lo que asombrado veía: La inmensidad de ese lugar. Confuso, no lograba entender como después del huracán de la noche anterior, la mañana estaba tan tranquila. Así que decidió recorrer aquella extraña isla en búsqueda de una respuesta.

Después de andar largo trecho, se dió cuenta de que se encontraba solo.

―¿Qué tan grande puede ser una cama? ―, susurró vencido.

Su mujer, ya se había ido a trabajar.

lunes, 25 de octubre de 2010

Destino

Escribo esto para que no olvides como es mi letra, o mis palabras.

Gracias por regalarme siempre días maravillosos, mágicos, que me transportan sin quererlo al más bello de los destinos:

- Compartir la vida contigo.

Y guardo cada momento, sonrisa, mirada o silencio, como un preciado tesoro, porque son la prueba de que no eres un sueño y tuve la fortuna una vez más, de poder verme reflejado en tus ojos.

Lo dicho: Si volviera a nacer, me enamoraría otra vez de ti.

domingo, 25 de julio de 2010

Bajo los tilos


De todas las ciudades del mundo, estás en una realmente especial. ¿La razón? Berlín es una ciudad de fuertes contrastes históricos. Cada paso que uno da aquí, está lleno de historia. Desde tiempos medievales hasta hechos que han marcado al mundo contemporáneo por completo. Además, Berlín tiene una riqueza enorme: Su multiculturalidad. No hay ciudad en toda Europa donde vivan tantas personas de países tan lejanos, distantes y diferentes que, como habitantes de esta ciudad, conviven día a día haciendo de este lugar algo suyo, algo nuestro.

Podría atreverme a decir que Berlín no es una ciudad "bonita". Me refiero a que Berlín no es como París, Viena o Praga donde la arquitectura antigua o el rococó hacen su presencia permanente y homogénea. Arquitectónicamente, Berlín no es una ciudad consolidada, ya que no tiene un centro o punto de fundación donde la ciudad esté construida alrededor de ese lugar, como lo podría ser alguna catedral, estación de trenes o plaza. Berlín más que nada, es el conjunto de muchos pueblitos que se unieron y hay muchos pequeños centros. Cada barrio es diferente en su estilo, gente, tradiciones y costumbres. Berlín está lleno de graffiti y es una ciudad pequeña, de 3,5 millones de habitantes.

Berlín en tiempos del Tercer Reich. Berlín capitulada y de la invasión Soviética. Berlín dividida por un muro que representaba una de las más grandes estupideces humanas que han existido. Todo concepto que tengas sobre la Segunda Guerra Mundial, será nada comparado con lo que verás aquí. Berlín de la Guerra Fría, las familias divididas, el yugo de Stalin sobre la ciudad. ¿Sabes? Confieso que aún me falta mucho para poder comprender en su totalidad todo lo que ha sucedido aquí, las historias de la gente, los hechos, lo que sintieron.

Berlín de la unificación. Berlín de la caída del muro, y lo que representa. Berlín de la reconstrucción, del milagro alemán, de ser potencia mundial otra vez. Berlín levantado de las cenizas pero que siempre, en cada esquina, encontrarás una cicatriz que te hará recordar todo lo que te he dicho hasta ahora.

Podría hablarte de Berlín horas. Tal vez días completos. Pero, ya hubo alguien que ha dicho lo que trato de expresarte ahora y no pudo haberlo hecho mejor. Así, prefiero citarte sus palabras, que pronunció en un discurso el 26 de junio de 1963:

All free men, wherever they may live, are citizens of Berlin, and, therefore, as a free man, I take pride in the words "Ich bin ein Berliner".

Ha sido una agradable caminata bajo los tilos. Ya llegamos. ¿Quieres que te tome una foto? Con gusto, no puede faltar la Puerta de Brandenburgo.